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Esos jóvenes votantes
carmen imbert brugal | hoy.com.do | 15-05-2004
    

Carmen Imbert Brugal es abogada y comunicadora dominicana. Perspectiva Ciudadana agradece a la autora el envío de este artículo.

“TODO CIUDADANO DOMINICANO TIENE EL DEBER DE VOTAR, SIEMPRE QUE ESTÉ LEGALMENTE CAPACITADO PARA HACERLO...
” (artículo 9 , letra d, Constitución de la República Dominicana)

“ES OBLIGATORIO PARA TODOS LOS CIUDADANOS EJERCER EL SUFRAGIO. EL VOTO SERÁ PERSONAL, LIBRE Y SECRETO...”
(artículo 88)

Mañana, 16 de mayo, 372,865 nuevos electores tienen en sus manos una importante decisión. Cumplirán un mandato constitucional y de manera “personal, libre y secreta”, emitirán un voto por el candidato de su preferencia, con el objetivo de convertirlo en Presidente de la República. Hace apenas cuatro años una cantidad apreciable de dominicanos, votaron por primera vez y ahora tendrán su segunda oportunidad. ¿Conocen los políticos las necesidades de esa población. Sus carencias, abandono, ilusiones? ¿ Les importa a los jóvenes que los gobiernos trabajen en procura de su desarrollo y beneficio?

Sin compromiso con el pasado, sin memoria de los avatares históricos recientes, hombres y mujeres entre 18 y 30 años serán protagonistas de un proceso electoral que consideran propio de la democracia. Normal. Las dificultades previas, que determinaron accidentados procesos electorales, no les compete. Desconocen, o no les afectan, aquellas jornadas fraudulentas que permitieron ignorar la voluntad mayoritaria, expresada en las urnas, de manera consecutiva.

Es una colectividad libre de traumas electorales. Sin memoria de la tiranía, ni del primer gobierno democrático malogrado a los siete meses de existencia. Sin recuerdo de lo ocurrido en el 1962 ni en el 1966. Sin preocupación por el tormento de los 12 años de gobierno balaguerista y sus mascaradas electorales. Tampoco consciente del esfuerzo nacional e internacional, hecho para salvar los resultados de las elecciones celebradas en el año 1978, ni de la decisión, de espaldas a las urnas, aceptada en el 1986 y en el 1990. Es un grupo de nacionales que en el año 1994, cuando el Pacto por la Democracia permitió la solución de la crisis política, hija de las elecciones, pautando la reforma Constitucional, contaba ocho, diez, trece años. Para ellos Joaquín Balaguer, Juan Bosch, José Francisco Peña Gómez, son imágenes. Tal vez el referente más vívido que atesoran de esos líderes es su funeral y las reiteradas manipulaciones de sus gestos y voces. Son muchos. Los candidatos lo saben y por eso la campaña electoral los tuvo en primer lugar. La Junta Central Electoral también. La invitación a votar se les hizo de manera constante y certera.

HOY quiso conocer la actitud electoral de algunos de esos votantes. Les advirtió a los entrevistados que no quería saber las preferencias electorales sino conocer su decisión de votar. Pretendió respuestas de jóvenes de diferente procedencia. Muchos repetían las consignas de campaña ignorando la pregunta. Otros, atribuían fines partidarios al cuestionario y rechazaban participar.

NO ES LO MISMO, NO ES IGUAL
“Durante el período 1966 a 1994 el país tuvo mucha actividad política y ocho procesos electorales. La cultura autoritaria heredada del pasado no permitió que esas elecciones fueran limpias y tranquilas. Cada elección resultaba difícil y traumática. Ganar honestamente y saber perder ha sido un elemento raro en el quehacer político dominicano...”( Vega Wenceslao, Historia del Derecho Dominicano)

LA primera Constitución dominicana estableció el sufragio como privilegio. Sólo podían votar los propietarios o arrendatarios de bienes inmuebles, los empleados públicos u oficiales. Las personas que ejercían alguna profesión, arte o ciencia liberal. El voto fue indirecto durante mucho tiempo y a las mujeres se les permitió, en el 1930 “ el voto de ensayo”. La conquista del sufragio femenino se logra en el año 1942. Durante la tiranía las elecciones servían para ratificar en las urnas la voluntad del sátrapa. En el año 1962 el Consejo de Estado organiza las primeras elecciones libres, después de treinta y un años. El 20 de diciembre Juan Bosch, candidato del PRD, venció al candidato de la Unión Cívica Nacional, Viriato Fiallo. El partido blanco obtuvo 619,491 votos, la UCN 317,327. Después del Golpe de Estado- 25 de septiembre 1963- la vida nacional fue convulsa y la ilegalidad dirigió los destinos de la nación. El levantamiento militar contra el Triunvirato- 24 de abril 1965- provocó la guerra y la intervención militar de los Estados Unidos de Norteamericana. El trance culmina, aparentemente, con las elecciones que permiten la asunción de Joaquín Balaguer al poder.

El líder del Partido Reformista gobernó durante doce años. Luego de dos períodos de administración perredeísta, el veterano político retoma el poder en el 86 hasta el 1994. Las múltiples infracciones cometidas en los comicios del 94, los reclamos reiterados, la amenaza de caos, obligan la firma de un acuerdo que le concede dos años de gobierno a Joaquín Balaguer, quien había proclamado un virtual empate con el candidato del PRD, José Francisco Peña Gómez.

El 16 de mayo del 1996, acatando lo prescrito en el Pacto por la Democracia, se enfrenta el PRD al Frente Patriótico, coalición formada por el PRSC y el PLD. El candidato del Frente Patriótico, Leonel Fernández, resulta vencedor. La candidatura del PRD, encabezada por Peña Gómez, es vencida.

Las modificaciones a la ley electoral, la selección adecuada de los miembros de la JCE propiciaron unas elecciones sin mayores dificultades. En el año 2000 el PRD gana los comicios. Aunque no obtiene la cantidad exigida por la ley, se decide proclamar, con el acuerdo de los partidos y representantes de la sociedad civil, a Hipólito Mejía, Presidente de la República, para el período 2000-2004. Fueron las segundas elecciones presidenciales sin inconvenientes ostensibles. Así lo creía la mayoría hasta la publicación de una entrevista, concedida por el Presidente de la JCE al periódico EL Caribe. El funcionario, después de avalar dos elecciones, confesó los vicios que afectaron esos comicios. Admitió la comisión de infracciones, comprobadas por investigadores foráneos, y reconoció que no quiso poner en movimiento la acción pública contra los posibles autores. Concluyó sus declaraciones con un silogismo infeliz: La trampa es un mal dominicano. Yo soy dominicano... Sólo faltó completar, ergo, yo soy tramposo.

A pesar de los pesares se asiste a las urnas con mayor confianza. Los temores de irregularidades se diluyen porque se enfrentan, se divulgan. Más que la pericia espuria de los políticos, capaz de encontrar votos en las tumbas, la atención se concentra en la aplicación de destrezas tecnológicas con la finalidad de alterar resultados. Es la sofisticación versus el clientelismo para validar lo expresado por el sociólogo Frank Marino Hernández : Se compra la cédula pero no el voto.

LLAMAR A VOTAR COMO SI NADA
JOSÉ CARLOS, uno de los jóvenes entrevistados, estudiante de Derecho y miembro de un grupo de reflexión política, es primer votante. Su entusiasmo con las elecciones disminuyó el año pasado. Decidió asistir a su colegio electoral pero – dice- votará nulo. MIGUEL, antiguo miembro de un partido político, 20 años, trabaja en un bar y estudia medicina : “Aquí no vale el voto en blanco pero eso es lo que yo quiero hacer. Estoy un poco harto.”

Aquí, donde las leyes no son esa regla general y obligatoria que describen los textos, en determinadas coyunturas, una parte de la sociedad es presa de un arrebato institucional. Hombres y mujeres públicos, dirigentes políticos y comunitarios, los denominados “líderes de opinión”, manifiestan un fervor legalista y patriótico, fatuo y pasajero. Como si fuera fácil hacer lo nunca hecho, hacerlo rápido y bien. Cumplir con lo nunca exigido, temer sanciones que jamás se han impuesto ni respetado. Apelan al deber, a las obligaciones de los contribuyentes. Pretenden conjurar -y desafortunadamente lo logran- la cotidianidad de violaciones y abusos, la costumbre legendaria del irrespeto y el descaro. Exhortan a votar sin previo escrutinio de las opciones. Votar porque si.

En la sociedad del “ná e ná “ y “sálvese quien pueda”, cada cuatro años, en mayo, ocurre el milagro y se reclama participación electoral. Sin rendición de cuentas ni exigencias. El llamado se convierte en proselitismo porque la asunción de los deberes que implica la condición de ciudadanos no existe. Se invoca y acomoda sólo cuando los políticos precisan legitimidad para administrar el erario.

Si algo puede exhibir, no obstante, la interminable transición dominicana hacia la democracia, es la credibilidad en el proceso electoral. El camino ha sido largo y accidentado. Lo obtenido, frágil. Pero democracia es algo más que la fiesta electoral.

VOTAR NO ES UNA CHERCHA
¿Cuál candidato conoce cómo se constituyen las bandas barriales y qué hacen? ¿Cuál se ha preocupado por el origen y el funcionamiento de “las naciones”, esas temibles gangas que secuestran, violan y propician juramentos de fidelidad con sangre? ¿A cuál le interesa cómo distribuye, por callejones, centros de diversión para elites, tugurios coloniales, la marihuana, la cocaína, el crack, el muchacho de 19 años? ¿ Cuál ha conversado con un sanky panky o con una prostituida que mantiene a su familia desde los 13 años? ¿A cuál candidato sus asesores le explican las consecuencias de la violencia policial que arrebata la vida a los muchachos sin escuela, sin salud, sin medicina, sin diversión y con aspiraciones inalcanzables en esta sociedad de apariencia, competencia y frivolidad?

¿Saben acaso cuán extraño es, para miles de jóvenes dominicanos, el lenguaje cibernético, imposible de comprender entre la humedad rocosa de los farallones que le sirven de cobija? ¿Tienen en sus manos las cifras de adolescentes embarazadas, de los infectados por enfermedades venéreas y por el VIH? ¿Tendrán en sus agendas los 82,500 abortos anuales que se practican mujeres jóvenes dominicanas? ¿Conocen las causas de la mortalidad materna e infantil?

MÓNIKA, 25 años, fotógrafa y publicista, estudió en una Universidad de Florida. “Votar no es una chercha. Es un asunto serio. Yo no creo que los jóvenes votemos como si fuera un relajo. Yo voy a votar y lo he pensado muy bien. JORGE, 23 años, periodista deportivo, egresado de Intec y de la Universidad de Córdoba – Argentina-. “Algunos jóvenes creen que las elecciones son una chercha. Se paran en las esquinas para el bandereo sin saber lo que significa ser de un partido o de otro. Eso es un can. No lo toman en serio. Sí, yo creo que voy a votar” GLENYS, abogada, 26 años. “Yo sé quién es mi candidato y porqué lo es. Voy a votar por él y lo decidí desde hace mucho. Es un error creer que los jóvenes no tenemos conciencia de lo que pasa en el país y de nuestra responsabilidad.” CARLOS, 20 años, estudia Administración de Empresa en una Universidad de EUA. “Sí, voy a votar. Siempre leo los periódicos dominicanos y tengo un primo muy interesado en la política que me mantiene informado. No creo que mi voto signifique ningún cambio, pero voy a votar.” RAÚL, 24 años, estudiante de contabilidad de la UASD, “ Ni antes ni ahora ni después. En mi casa nadie vota. Somos gente de trabajo. Los políticos no nos van a resolver los problemas, siempre nos cogen de pendejos.” ZENEYDA, estilista, 27 años. “ Claro que voy a votar. Todas mis amigas, van a votar.” GRISEYDIA, 19 años, empleada doméstica, tiene una hija de 2 años. “ Yo no sé. No creo en eso y no sé por quién echarlo. Yo soy cristiana. Es en Dios que yo creo.” PABLO, vendedor ambulante, 21 años: “Yo los conozco a todos. Siempre me dan algo. Yo voy a ir. Después lo digo voté por ti.”

NELSON, motoconchista, 29 años. “ Le bandereo a todito y soy amigo de toditos. Pero no me gusta hacer fila”. ANGEL, 20 años, trabaja como mensajero de un colmado.”Seguro que sí. Y lo que quiero es que me cuenten el voto, porque uno vale.” TANIA, 22 años, bachiller. “ Mi papá pelió en la revolución y él dice que hay que votar.” ROBERTO, 18 años, bachiller.”Anjá después que yo he caravaneao tanto no voy a votar. Y e fácil.” ADA, 22 años, desempleada.” Yo lo que quiero e irme de aquí. Si el voto fuera un pasaje yo votara, pero ni cédula tengo.” ISABEL, arquitecta, treinta años. “Ni me lo preguntes. Claro que voy a votar.”


Tal vez no importe la indiferencia y el olvido a los jóvenes electores. La oportunidad de aprender, comprender y exigir la responsabilidad que tienen los administradores de la cosa pública ha sido insuficiente. El debate de ideas en el país es sustituido por consignas y actitudes groseras e insulsas. Los arrebatos sustituyen la intelección. El hecho se reedita sin fin. A nadie le importa que dañe generaciones de nacionales, atrapados en la tarea inmediata de sobrevivir. (fin)


 

 

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