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¿Cuáles son los factores que determinan la talla?
elizabeth jimenez | hoy.com.do | 31-05-2007
    

Existen varios factores que determinan cual es la talla final que tendrá un paciente. Ciertamente los más importantes probablemente sean los factores genéticos, es decir, la información genética que tiene cada ser humano y que, dependiendo de los factores ambientales, podrá optimizarse y alcanzar esa talla final predispuesta genéticamente. De tal forma que esos factores ambientales que influyen en que la talla final sea la que corresponde a la talla genética, son básicamente:

Alimentación

Un paciente que tiene una alimentación adecuada, equilibrada, que come tres veces al día, que consume solo alimentos nutritivos, tendrá una predicción de talla adecuada a la talla blanco familiar. Otro aspecto importante es que exista un orden en cuanto a la ingesta de los alimentos, deben respetarse ciertos horarios y evitar que los niños coman cualquier cosa entre comidas. Esto favorece la secreción de hormonas de crecimiento también.

Sueño

La producción de hormonas de crecimiento no se manifiesta durante todo el día, ya que tiene un patrón de secreción pulsátil y depende mucho de que los niños tengan un sueño adecuado, que duerman por lo menos unas nueve o 10 horas al día en la etapa preescolar y escolar. Esto condicionará que existan picos de secreción frecuentes durante ese periodo de sueño, lo cual favorecerá una secreción adecuada de hormonas de crecimiento.

Ejercicio

Favorece la producción de esta hormona, idealmente un niño debe hacer por lo menos una hora diaria de ejercicios.

Estos son factores que se pueden modificar ya que están en el ambiente, en la actitud, en la disciplina que se debe de tener con los niños. Existen algunas otras alteraciones que pueden condicionar que el crecimiento no sea tan adecuado, por ejemplo, niños que tienen enfermedades recurrentes son pacientes que, debido a esos procesos de morbilidad-enfermedad, van a tener un sacrificio en la producción de hormonas de crecimiento. De tal forma que, en estos niños en esos periodos de infección aguda, todo el metabolismo de producción de energía estará enfocado a controlar esos estados de infección, sacrificando otros procesos menos importantes en ese momento, como es el crecimiento. Esto sucede en los niños que presentan problemas crónicos de reflujo, de infecciones en vías urinarias, problemas de alergia, de infecciones de vías respiratorias de repetición y por lo tanto su crecimiento se verá mermado.

En los periodos en los que ellos están libres de enfermedad, empieza a haber una recuperación del crecimiento. Sin embargo, no se logra una recuperación total, sino probablemente hasta la etapa de la adolescencia que es cuando se registra el pico de crecimiento más importante.

¿En qué momento es conveniente consultar al médico?

Es necesario que todos los niños tengan un seguimiento pediátrico. Todo niño en el primer año de vida debe visitar al pediatra por lo menos una vez al mes. Esto nos dará una pauta en cuanto al lugar en el que se localizan los niños en los carriles de crecimiento, tanto de peso como de talla, nos permitirá detectar problemas de crecimiento desde esas etapas tan tempranas, o bien, problemas de sobrecrecimiento. Después del año de edad se recomienda que la visita al pediatra sea alrededor de cada tres a seis meses. Todos los niños deben estar percentilados en estas curvas de crecimiento, aunque no existe una curva ideal que se haya hecho en México, para niños mexicanos, (las curvas del doctor Ramos Galván se hicieron hace mucho tiempo en grupos de población muy específica). Sin embargo, tomamos como base las curvas del CDC (Centers for Disease Control and Prevention); las más recientemente publicadas son las del 2002 y en ellas se sitúa al niño en un carril de crecimiento y se le da un seguimiento. De esta forma podemos observar en esa curva cual es la velocidad del crecimiento que está teniendo el paciente y si, efectivamente, está creciendo en el carril que corresponde a la genética que tienen los papás.

Cuando un pediatra detecta que un paciente está teniendo una desaceleración en su crecimiento o que se está ubicando en un carril más abajo del que debe tener para esa talla blanco familiar (que se puede calcular dependiendo de la talla que tienen ambos padres), entonces será conveniente que se consulte a un especialista.

¿Hasta dónde es posible cambiar la genética a través de un tratamiento?

Eso realmente es difícil y es controversial. Existen algunos estudios controlados y bien hechos, sobre todo en Estados Unidos, donde se ha estudiado a algunos pacientes que manifiestan una talla baja idiopática (sin causa identificada), en los que no hay ninguna enfermedad endocrinológica o ninguna alteración en cuanto a nutrición, sueño o patrones de ejercicio. En estos niños se nota cómo empiezan a crecer en un carril un poco más abajo del que les corresponde por su talla genética.

En algunos de estos estudios se ha mencionado que podría eventualmente ganarse entre cuatro y cinco centímetros más en ese niño cuando se le da tratamiento, que si no se le administrara. Pero realmente son pocos estudios los que existen y esto es todavía un punto muy controversial. Probablemente no podamos modificar la genética, quizá sea más factible en esos niños cambiar todos los hábitos que están en el medio ambiente y que seguramente esos sí van a hacer que alcancen una talla familiar adecuada para la que están predispuestos.

¿En nuestro país cuáles son las alteraciones más frecuentes en el crecimiento?

Las causas de talla baja más comunes en nuestro país son las que se denominan como variantes normales de talla baja o variantes normales de crecimiento, que puede ser la talla baja familiar. Ciertamente en la población de nuestro país, los antecedentes genéticos no son para tener tallas finales muy altas. Existen muchos genes indígenas que probablemente nos están condicionando a tener una talla no muy alta. Esto es importante; considerar siempre no sólo la talla que tienen los papás, sino la de los abuelos, hermanos, y tíos, porque en ocasiones se pueden heredar genes que condicionan una talla baja. Cuando un paciente se sitúa en un carril de crecimiento por debajo del carril percentilar tres, que por definición es lo que se considera como talla baja, con seguridad encontraremos que en el ambiente familiar hay personas que tienen talla baja. Habitualmente una característica es que estos niños tienen una velocidad del crecimiento normal para la edad y además tienen una maduración esquelética que también es acorde para la edad cronológica que ellos tienen. Son niños que, al hacer una revisión completa, son completamente sanos, con una velocidad de crecimiento adecuada, sólo que crecen en un carril percentilar un poquito más bajo. Eso se considera una talla baja genética y no representa ninguna alteración.

Otra de las causas más frecuentes que vemos en la consulta es el retraso constitucional del crecimiento y desarrollo. Son pacientes que puede ser que tengan una talla blanco familiar por genética que se encuentre en los carriles 25 o 50, por ejemplo, y sin embargo este paciente crece en un carril percentilar más bajo. En algunas ocasiones, estos pacientes tienen antecedentes de haber tenido durante algunas etapas de la infancia periodos críticos de estrés por enfermedad, por lo que durante ese momento se ha sacrificado el crecimiento y la maduración de los cartílagos de crecimiento se ha quedado un poco retrasada. Sin embargo, cuando superan esa etapa de estrés por infección o por enfermedad crónica, generalmente empiezan a tener una velocidad de crecimiento adecuada, probablemente se queden en un carril más debajo de crecimiento y ahí permanecen durante el resto de la infancia, hasta la adolescencia y característicamente estos niños tienen una edad ósea un poco retrasada pero habitualmente, cuando llegan a la etapa de la adolescencia, aunque puede ser que tengan un pico de crecimiento por la pubertad y el mismo desarrollo sexual en etapas más tardías, alcanzan a tener la talla blanco familiar a la que están predispuestos.

  La mayoría de los pacientes pueden tener un crecimiento de recuperación (aunque nazcan pequeñitos) en los primeros tres años de la vida. El niño que no lo alcanza es muy difícil que después de los tres años de vida lo haga y será un niño chiquito.

La doctora Jiménez está cursando un doctorado en Inmunología clínica.

 

 

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