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Conocemos el refrán en toda su extensión: El amor y el interés se fueron al campo un día y todos sabemos que pasó. Ganó el interés. Perdió el amor. (Digámoslo de una vez: aquello fue una temeridad; porque no sé cómo se le ocurrió al amor, en las circunstancias descampadas de siempre, irse al campo de la mano con el interés, ni de quien fue la idea).


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Más pudo el interés, que el amor que me tenía.
roberto rodríguez-marchena | perspectivaciudadana.com | 15-06-2008
    

Conocemos el refrán en toda su extensión: El amor y el interés se fueron al campo un día y todos sabemos que pasó. Ganó el interés. Perdió el amor. (Digámoslo de una vez: aquello fue una temeridad; porque no sé cómo se le ocurrió al amor, en las circunstancias descampadas de siempre, irse al campo de la mano con el interés, ni de quien fue la idea).
 
De la sabiduría popular, que no por sabia, sino por popular echamos mano para discurrir aquí sobre la subida de las tasas de interés.
 
Las experiencias cotidianas, la vida real, diría el etnólogo cubano Miguel Barnet, marcan, sustancian el saber o verdad popular. Mundo al revés, cotidianidad implacable, en el que lo privado señorea sobre lo colectivo, la competitividad sobre la cooperación, el registro, la observación popular es certera: no importa el amor que me deban (por mis derechos como ciudadano o ciudadana), podrá más el interés (poderoso caballero, don Dinero).
 
Verdad que estará alojada entre nosotros mientras aceptemos las cosas como vienen, renunciemos a cambiar y a protegernos de aquellas que nos hacen daño. Que no debe ser el caso del Estado.
 
La filosofía y proceder del Estado no puede guiarse por el “más pudo el interés” si queremos alcanzar la cohesión social y convertirnos en una nación cohesionada. El acero que hace sostenible la cohesión son las políticas redistributivas que se forjan en el triunfo del “amor” pre y post tensado hacia todos los ciudadanos y no del “interés”.
 
Y no me digan que no se puede y que el mercado es el que manda, pues esta administración del Banco Central, en este segundo gobierno del Partido de la Liberación Dominicana, con enérgicas y firmes políticas monetarias logró bajar las tasas de interés y devolverle valor al peso.
 
Recuperar la confianza desde 2004 al día de hoy consistió en eso concretamente. El Estado –en este caso una de sus instituciones, el Banco Central- demostró que era capaz de revertir para bien de todos y todas el alocado descontrol de la economía. Ganó el amor, no el interés de aquellos por lucrarse del alboroto y la dificultad. Y es que hay confianza cuando la gente percibe que el amor a ella manda y va a ganar.
 
Renunciar a la confianza como tributo, sacrificarla como ofrenda-país para enfrentar la situación actual de alzas de precios o inflación es muy peligroso. Estremecerá y sacudirá el tejido social y productivo dominicano pudiendo llegar a fracturarlo aún más, con el consecuente peligro de ingobernabilidad. En esto, el temor del Presidente de la República está muy bien fundado.
 
Resulta chocante que mientras el jefe estratégico económico del Gobierno adelanta la intención de aplicar políticas públicas que fomenten la cohesión social y el Presidente de la República advierte de los riesgos de ingobernabilidad y reitera un nuevo acento en las políticas sociales, para combatir la inflación o la subida de precios y el déficit en la cuenta corriente, las autoridades monetarias hayan decidido estimular, dejar subir las tasas de interés, es decir, el precio del alquiler del dinero.
 
Exactamente lo contrario de lo que habían estado haciendo desde 2004 hasta la fecha y que tanta satisfacción ha provocado. El resultado inmediato de encarecer el alquiler del dinero es que ganarán más quienes tienen dinero depositado en los bancos (los ahorrantes) y los dueños de los bancos. Perderán quienes han tomado prestado o alquilado dinero, porque no tenían suficiente para comprarse una vivienda, un vehículo, maquinarias, insumos, para su familia o negocio.
 
Visto desde la clase media, no es esta la mejor manera de ayudarle a combatir SU inflación y SU déficit corriente de fin de mes. ¿Cómo aceptar o siquiera entender que la mejor manera de enfrentar o de mitigar que ahora pague más caro los alimentos que consume, las medicinas, el transporte, la ropa, la educación de los hijos, los materiales de construcción, los pasajes de avión, las salidas a cenar o divertirse, sea ADEMAS pagar más caro la hipoteca del apartamento, la hipoteca del carro y/o el préstamo para poner andar la empresa, negocio o la finca? ¿Cómo entender que la mejor fórmula de aliviar al enfermo sea subirle el precio a las medicinas que toma?
 
Quizá ha llegado el momento para que los economistas sean más creativos y nos regalen una fórmula más amorosa, más considerada y menos interesada de enfrentar la inflación y así al menos poder decir: “No hay amor mi linda Inés, sin su tasa de interés”.

Roberto Rodríguez-Marchena
Santo Domingo, D.N. 15 de junio de 2008

 

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Etiquetas: Opiniones y percepciones | Roberto Rodríguez-Marchena |
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