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Un tramo de la transitada autopista entre San Pedro de Macorís y Santo Domingo, la capital de la República Dominicana, está rodeado de fábricas extranjeras. Pero al mirar más detenidamente, unos kilómetros al oriente del aeropuerto internacional, se puede divisar algo diferente: la Ciudad del Béisbol.

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Béisbol -made in- Dominicana
david goldblatt | news.bbc.co.uk | 24-06-2008
    
Un tramo de la transitada autopista entre San Pedro de Macorís y Santo Domingo, la capital de la República Dominicana, está rodeado de fábricas extranjeras.  Pero al mirar más detenidamente, unos kilómetros al oriente del aeropuerto internacional, se puede divisar algo diferente: la Ciudad del Béisbol.
   
Junior Naboa
Esto se ha convertido en una industria seria y madura en República Dominicana. Es el Valle de Silicio del béisbol
Junior Naboa, ex jugador de las Grandes Ligas

Este gigantesco complejo de academias de béisbol listas para entrar en funcionamiento, campos de juego y jaulas de bateo es como un extenso parque industrial dedicado a la producción de jugadores profesionales del béisbol dominicano para exportar al mercado laboral de Estados Unidos.

El parque está en auge. Seis equipos de las Grandes Ligas de Béisbol de EE.UU. - la cúspide del juego profesional en ese país - han establecido residencia en la Ciudad del Béisbol y hay más por venir.

Eso es sólo una parte de la oleada de dinero producido por ese deporte que fluye hacia el país.

Las remesas de jugadores en el extranjero y las inversiones de los equipos estadounidenses constituyen ahora un 10% de la entrada de capital.

"Valle de silicio" del béisbol
La Ciudad del Béisbol es la creación de Junior Naboa, un ex jugador de Grandes Ligas dominicano que invirtió dinero en su tierra y encontró socios para ayudar en la construcción de la infraestructura.

Ahora, además de administrar una academia para los Cascabeles de Arizona, vende y arrienda las instalaciones a los estadounidenses.

Como dice Junior: "Esto se ha convertido en una industria seria y madura en República Dominicana. Es el Valle de Silicio del béisbol".
  • Pedro Martínez es uno de los jugadores dominicanos más exitosos.
De hecho, la Ciudad del Béisbol es tan sólo el eje de un amplio conglomerado industrial.

Si uno llega a pedir direcciones en esta pequeña franja de la República Dominicana es muy probable que le digan: "Siga por la carretera más allá de los Yankees, tome a la izquierda cuando llegue a las Medias Rojas y está un poco más allá de los Mellizos".

Hay 18 academias de las Grandes Ligas dentro de un radio de 10 kilómetros en la Ciudad del Béisbol, atraídos por el acceso a hoteles y el aeropuerto internacional.

Igual de importante es la cercanía de San Pedro de Macorís, la segunda ciudad del país y la cuna del mayor número de jugadores de Grandes Ligas per cápita que cualquier otro sitio en el mundo.

Como cualquier exitoso complejo industrial, todas las empresas prosperan a través de su densa red de cooperación y competencia.

La frecuencia y facilidad para realizar juegos entre los equipos de las academias ciertamente realzan los niveles de capacidad de todos.

Cadenas formales e informales de comunicación permiten la rápida divulgación de las mejores técnicas.

Si una academia desarrolla un nuevo régimen de preparación física que da resultados, muy pronto lo sabrán todos.

Globalización del béisbol
Las academias han resultado ser increíblemente exitosas.

Los dominicanos han estado entrando en las Grandes Ligas desde los años 50, pero lo que era un goteo ya es un torrente.

Más de 10% de los jugadores en las Grandes Ligas vienen de la isla, incluyendo varias de sus principales estrellas, mientras que a un nivel inferior, más de 40% de los jugadores en las ligas menores son también dominicanos.

República Dominicana es una fuente de los grandes jugadores en EE.UU.

A la vez, la generación de beisbolistas dominicanos ha pasado de ser una industria ad hoc, casera y desorganizada a una empresa sofisticada de creciente maduración.

El éxodo de dominicanos es parte de una globalización más amplia del béisbol estadounidense.

La demanda de peloteros nacionales ha estado sobrepasando la oferta, mientras que la reserva de jugadores en el béisbol juvenil y universitario ha estado encogiéndose.

En consecuencia, el deporte continuamente busca beisbolistas por fuera de los Estados Unidos.

Este año, además del 10% de jugadores de origen dominicano, otro 15% vino de otros países como Venezuela, Puerto Rico, Panamá y Japón.

Ventaja competitiva
Para entender por qué los dominicanos son la punta de lanza de esta migración uno tiene que mirar hacia las calles y los campos, los terrenos baldíos y los lugares marginados.

  • Muchos beisbolistas profesionales donan equipo a los jóvenes del país.

En todos los sitios uno podrá constatar y en todos los sitios uno encontrará jovencitos jugando a la pelota.

En los callejones, esquivan autos y lanzan tapas de botellas plásticas. En la campiña, uno los puede ver despejando el vidrio roto de un maltrecho diamante de béisbol, haciendo una pausa para dejar pasar las vacas a través del plato.

El juego llegó a finales del siglo XIX, llevado por los dueños de ingenios cubanos que huyeron de su país después de la abolición de la esclavitud para establecer sus plantaciones y su pasión por el deporte en la República Dominicana.

Desde entonces, ha ido penetrando el tejido de la vida dominicana, creando una cultura nacional deportiva de intensidad inigualada.

Selección de talento
Si los callejones y campos rinden el talento, este primero es explorado, seleccionado y pulido por miles de empresarios beisboleros dominicanos.

Entrenadores, escuchas, "buscones" o agentes, los hay de todos los nombres y todos los tipos.

El espectro va desde operadores individuales con una jaula de bateo en el patio de la casa hasta las sofisticadas academias administradas por dominicanos con sus propios campos de juego y dormitorios donde hospedan a los jóvenes hasta por dos años.

En todos los casos buscan prepararlos para una oportunidad al éxito, lo que significa pruebas en las 16 academias del Béisbol de las Grandes Ligas.

Si el jugador gusta, obtiene un contrato. Los bonos por contrato, repartidos entre los agentes y las familias, promedian US$60.000 que transforma sus vidas. El salario promedio en República Dominicana es apenas US$8.000 al año.

Una vez en las academias, los jóvenes entrenan, casi monásticamente, durante dos años. Si no llegan a más, por lo menos sus vidas se ven transformadas al recibir la mejor alimentación de sus vidas y cuidadosa atención a sus necesidades de salud, especialmente la dental.

  • Los jovencitos sueñan con jugar en las Grandes Ligas.
Para muchos, también les provee algún tipo de regularidad, orden y rutina que es inusual pero bienvenida.

El costo de contratar y criar jugadores y la eventual pérdida si no logran adaptarse a la vida en Estados Unidos, ha enseñado a las academias a preparar a los alumnos tanto social como atléticamente.

Las Mantarrayas de Tampa, por ejemplo, han relanzado su programa incorporando nuevas y mejores clases de inglés, así como una mayor atención a las complejidades de la inmigración y las diferentes políticas en torno al comportamiento sexual en Estados Unidos y la isla.

Después de dos años, a la gran mayoría de los reclutas se les terminará el contrato y entre el 10% y el 15% irán a las ligas menores.

Apenas 7% de los ingresados en las academias llegarán eventualmente hasta las Grandes Ligas con sus salarios multimillonarios.

Una de las razones por las cuales siguen este camino de tan pocas probabilidades de éxito es porque las rutas alternativas ofrecen tan poco - un sistema educativo desgastado, las agotadores horas y condiciones de trabajo en las zonas de procesamiento de artículos de exportación o los bajos sueldos de servilismo en la industria turística del "todo incluido".

Estas son opciones suficientemente lúgubres para que más de un millón de dominicanos emigren hacia Estados Unidos e impulsen el hambre, la pasión y la dedicación de sus beisbolistas que, si algo han hecho, es revertir un patrón de dependencia.

  • Estados Unidos y su icónico juego nacional ahora son dependientes de ellos.

 

 

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