Perspectiva Ciudadana
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República Dominicana, 08 de febrero de 2010

Resumiendo

Invito a los lectores de nuestra Perspectiva del Día a leer esta carta de Bosch a Emilio Rodríguez Demorizi, Héctor Incháustegui Cabral y Ramón  Marrero Aristy en la que el Profesor deja clara su posición sobre el caso haitiano.


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Carta Historica de Bosch
Nelson Sosa | 06-11-2009

El cuerpo necesita pan y el alma descanso, pero esta medicina "Boschilina 800" es muy buena para que la clase politica, y el pueblo dominicano se den una tomita a ver si pueden ver lo que esta en sus narices y que pretenden con sofismas y subterfugios obviar de la agenda nacional. Dios bendiga y le de paz dondequiera que este al eminente, unico y grande Prof. Juan Bosch, un hombre patriota que nunca penso que crearia un monstruo tan dañino de la dimension del PLD.



sentimiento común
Tirso | 05-11-2009

Me ha impactado esta carta!...refleja un sentimiento común a muchos dominicanos y dominicanas, sobre todo de los que vivimos fuera de nuestro país, y sufrimos cuando allí vamos...como si viviéramos aún en la época en que el Profe escribió esa carta. Ps.: si alguien entendido me pudiera explicar por qué Peña Gómez no gobernó en R.D. Gracias.



Bosch fue un gran hombre
Félix Corona | 05-11-2009

Aunque ya extinto su noble tanto como sus ideas permanecerán entre nosotros mientras exista la vida. Cuanto criterio y humanismo en una sola persona! Cuanta falta nos hace usted profesor Juan Bosch en estos días que su segundo partido gobierna la nación dominicana. Que distinta fuera la vida en este país si los peledeistas tomaran en cuenta la nobleza, honestidad y sencillez de Bosch. felixrcorona@gmail.com



He aquí un gran hombre.
María Mora | 05-11-2009

Gracias prefesor. Es una pena que nuestro país no sea conciente de esa realidad histórica. Y que en algún momento pusiera en duda la sencibilidad y el don de gente de Don Juan Emilio Bosch Gaviño. Siempre te admiré profesor.............



¿Por quién doblan las campanas?
Bernardo Regino | 04-11-2009

Ramón: Gracias por recordarnos que la humanidad es una sola familia. Bajo la coraza de la piel que nos arropa, un cuerpo igual se abriga. Sangre roja baña nuestro interior circulando por los ríos de nuestras venas. El mismo Hombre, una sola humanidad. El verdadero enemigo: hambre, miseria, ignorancia, indolencia, impunidad, corrupción que se desborda y oprime a los pueblos, egoísmo infinito que no piensa en el sepulcro, petulancia, vanidad. Y para los que prefieren la muerte del otro, en casa ajena antes que en la de ellos, recordarles a Ernest Hemingway: "La muerte de cada hombre me disminuye, porque soy parte de la humanidad. Cuando oigas doblar las campanas, no preguntes por quién doblan, pues doblan por ti". No olvidemos lo escrito por Bosch: Hay que saber distinguir quién es el verdadero enemigo y no olvidar que el derecho a vivir es universal para individuos y pueblos. Francisco Bernardo Regino E.



Don Juan, único!!
alberto | 03-11-2009

Cuanta grandesa, humanismo y visión!. Cada dos mil años nace un ser así.



negacion
ricardo | 03-11-2009

Bosch,por lo visto no ha tenido un solo heredero politico,su legado ha sido utilizado;la vez que el dr. Peña Gomez llamo a cuidar las aguas compartidas ,para evitar la desertificacion de Haiti,sus discipulos no tardaron en acusarle de" Haitiano" en forma despectiva.Saque usted su propia conclusion.Es una pena.



Juan Bosch, Haití...
Elsa Peña Nadal | 02-11-2009

Me reafirmo en la calidad humana y en la sensibilidad de ese gran humanista; en su visión totalitaria y universal, en su gran conocimiento de la lucha de clases; en su defensa de los mas humildes; cuanta grandeza, don Juan; qué honor haberle conocido y tratado de cerca. Que Dios lo tenga a buen resguardo. Elsita.



Pena
José Alexis | 02-11-2009

Da pena que 66 años después los pensamientos del prof. Juan Bosch, sobre el tema dominico- haitiano/ haiti- dominicano, sean igual de contemporáneo. El tema no ha pasado a la historia, y hay todavia grupos de pesonas que no tienen ningún interés de un arreglo. Da pena que el pueblo siga siendo chantajeado, y nuestro hermano haitiano todavía siga siendo odiado.



Solo de Don Juan Bosch
Lorenzo Tavera | 02-11-2009

Unico solo el................. el de un corazon grande en generosidad y entrega total a la mejores causas del ser humano. El mismo que se atrevio a defender a Judas y Cariotes.........Hoy la siencias y los manuscritos encontrados sobre los evangelios de Judas le dan toda la razon. Tenia que ser de el en esa fecha de 1943 y se actualiza solita al dia de hoy, con ese hatianismo encontra de nuestros vecinos que tenemos los Dominicanos. Solo Don Juan Bosch el unico........... NO HAY OTRO SOLO BOSCH



Joya Historica
Ramon | 02-11-2009

Gracias profesor por esta valiosa colaboracion, una verdadera joya historica. Creo que en la misma el Bosch plasma sin ninguna duda su vision humana y universal y como desde la distancia relativa (Cuba no esta tan lejos fisicamente) podia ver claramente los manejos politicos en perjuicio de ambos pueblos, tal como sigue sucediendo hoy. Hay que tener claro que la isla no se puede dividir fisicamente, que mientras en Haiti las cosas sigan sin cambios dramaticos en el corto plazo seguira la inmigracion y que no tenemos recursos para pararla y que si no nos asociamos en un objetivo comun de un futuro mejor, nunca, pero nunca este pais podra realmente progresar.



Grandeza
Marcos Andujar | 02-11-2009

Sin duda fué un hombre noble, indispensable característica de los grandes. Mi padre, Plutarco Andújar, en sus contactos que tuvo con él a través de León su hijo, lo recordaba como un hombre de buen sentido del humor, agudo observador y con acceso a cualquier tema del conocimiento. Sus observaciones sobre el caso haitiano amplían mi compresión sobre el tema. Gracias



Juan Bosch, Humanista
Bienvenido Guzmán | 02-11-2009

Excelente, esta carta deja ver la calidad del ser humano que la escribió.



punto de partida
Milton German Herrand | 02-11-2009

Maestro gracias te sigo dando porque sin haber leído tu carta siempre he mantenido criterios parecidos y hoy lo reafirmo.Y llamo la atención a la posición exhibida por Juan F. Santamaría en favor de la misma y mi agregado a la discución de siempre, se fundamenta en la necesidad de darle un estatus legal (temporal) a los que ya están , lo cual de paso aportaría una gran cantidad de dinero al fisco. Espero que sigan las discusiones abierta y transparentes sobre el caso. Gracias



!Que joya historica!
Leonardo Mercedes | 02-11-2009

Ese documento es una reliquia historica, que retrata el pensamiento progresista del Prof. Bosch y su posicion de avanzada en torno al problema dominico-haitiano y esta en la misma onda que la posicion del patricio Juan P. Duarte sobre el mismo tema. Comparto plenamente su contenido, salvo una aseveracion que hace el profesor, pero que no le resta nada a la calidad de su carta, y que quizas sea un asunto de interpretacion mia. Y es cuando dice, refiriendose a Trujillo y a Lescot: "Es que ambos tienen intereses opuestos, como opuestos son los de cada uno de los de sus pueblos respectivos y los del género humano." Un documento como este me produce nostalgia, al recordar que al profesor no lo dejaron completar su gobierno ni volver al poder donde trataba de concretizar sus ideales y aspiraciones de justicia y bienestar para el pueblo dominicano y tambien para el haitiano.


Juan Bosch, Haiti y la Republica Dominicana: una carta histórica
Ramón Tejeda Read | perspectivaciudadana.com | 02-11-2009

Ramón Tejeda ReadInvito a los lectores de nuestra Perspectiva del Día a leer esta carta de Bosch a Emilio Rodríguez Demorizi, Héctor Incháustegui Cabral y Ramón  Marrero Aristy en la que el Profesor deja clara su posición sobre el caso haitiano.

La Habana,

14 de junio de 1943.

Mis queridos Emilio Rodríguez Demorizi,

Héctor Incháustegui y Ramón Marrero Aristy:

USTEDES SE VAN MAÑANA, creo, y antes de que vuelvan al país quiero escribirles unas líneas que acaso sean las últimas que produzca sobre el caso dominicano como dominicano. No digo que algún día no vuelva al tema, pero lo haré ya a tanta distancia mental y psicológica de mi patria nativa como pudiera hacerlo un señor de Alaska.

En primer lugar, gracias por la leve compañía con que me han regalado hoy; la agradezco como hombre preocupado por el comercio de las ideas, jamás porque ella me haya producido esa indescriptible emoción que se siente cuando en voz, en el tono, en las palabras de un amigo que ha dejado de verse por mucho tiempo se advierten los recuerdos de un sitio en que uno fue feliz. Acaso para mi dicha, nunca fui feliz en la República Dominicana, ni como ser humano ni como escritor ni como ciudadano; en cambio sufrí enormemente en todas esas condiciones.

Hoy también he sufrido…Pues de mi reunión con Uds. he sacado una conclusión dolorosa, y es ésta: la tragedia de mi país ha calado mucho más allá de donde era posible concebir: La dictadura ha llegado a conformar una base ideológica que ya parece natural en el aire dominicano y que costará enormemente vencer; si es que puede vencerse alguna vez. No me refiero a hechos concretos relacionados con determinada persona; no hablo de que los dominicanos se sientan más o menos identificados con Trujillo, que defiendan o ataquen su régimen, que mantengan tal o cual idea sobre el suceso limitado de la situación política actual en Santo Domingo; no, mis amigos queridos: hablo de una transformación de la mentalidad nacional que es en realidad incompatible con aquellos principios de convivencia humana en los cuales los hombres y los pueblos han creído con firme fe durante las épocas mejores del mundo, por los que los guías del género humano han padecido y muerto, han sufrido y se han sacrificado. Me refiero a la actitud mental y moral de Uds. – y por tanto de la mejor parte de mi pueblo – frente a un caso que a todos nos toca: el haitiano.

Antes de seguir desearía recordar a Uds. que hay una obra mía, diseminada por todo nuestro ámbito, que ha sido escrita, forjada al solo estimulo de mi amor por el pueblo dominicano. Me refiero a mis cuentos. Ni el deseo de ganar dinero ni el de obtener con ellos un renombre que me permitiera ganar algún día una posición política o económica ni propósito bastardo alguno dio origen a esos cuentos. Uds. son escritores y saben que cuando uno empieza a escribir, cuando lo hace como nosotros, sincera, lealmente, no lleva otro fin que el de expresar una inquietud interior angustiosa y agobiadora. Así, ahí está mi obra para defenderme si alguien dice actualmente o en el porvenir que soy un mal dominicano. Hablo, pues, con derecho a reclamar que se me oiga como al menos malo de los hijos de mi tierra.

Los he oído a Uds. expresarse, especialmente a Emilio y Marrero, casi con odio hacia los haitianos, y me he preguntado cómo es posible amar al propio pueblo y despreciar al ajeno; cómo es posible querer a los hijos de uno al tiempo que se odia a los hijos del vecino, así, sólo porque son hijos de otros. Creo que Uds. no han meditado sobre el derecho de un ser humano, sea haitiano o chino, a vivir con aquel mínimo de bienestar indispensable para que la vida no sea una carga insoportable; que Uds. consideran a los haitianos punto menos que animales, porque a los cerdos, a las vacas, a los perros no les negarían Uds. el derecho de vivir…

Pero creo también – y espero no equivocarme – que Uds. sufren una confusión; que Uds. han dejado que el juicio les haya sido desviado por aquéllos que en Haití y en la República Dominicana utilizan a ambos pueblos para sus ventajas personales. Porque eso es lo que ocurre, amigos míos. Si me permiten he de explicárselo:

El pueblo dominicano y el pueblo haitiano han vivido desde el Descubrimiento hasta hoy – o desde que se formaron hasta la fecha – igualmente sometidos en términos generales. Para el caso no importa que Santo Domingo tenga una masa menos pobre y menos ignorante. No hay diferencia fundamental entre el estado de miseria e ignorancia de un haitiano y el de un dominicano, si ambos se miden, no por lo que han adquirido en bienes y conocimientos, sino por lo que les falta adquirir todavía para llamarse con justo título, seres humanos satisfechos y orgullosos de serlo. El pueblo haitiano es un poco más pobre, y debido a esa circunstancia, luchando con el hambre, que es algo más serio de lo que puede imaginarse quien no la haya padecido en sí, en sus hijos y en sus antepasados, procura burlar la vigilancia dominicana y cruza la frontera; si el caso fuera al revés, sería el dominicano el que emigraría ilegalmente a Haití. El haitiano es, pues, más digno de compasión que el dominicano; en orden de su miseria merece más que luchemos por él, que tratemos de sacarlo de su condición de bestia. Ninguno de Uds. sería capaz de pegar con el pie a quien llegara a sus puertas en busca de abrigo o de pan: y si no lo hacen como hombres, no pueden hacerlo como ciudadanos.

Ahora bien, así como el estado de ambos pueblos se relaciona, porque los dos padecen, así también se relacionan aquéllos que en Santo Domingo igual que en Haití explotan al pueblo, acumulan millones, privan a los demás del derecho de hablar para que no denuncien sus tropelías, del derecho de asociarse políticamente, para que no combatan sus privilegios, del derecho de ser dignos para que no echen por el suelo sus monumentos de indignidad. No hay diferencia fundamental entre los dominicanos y los haitianos de la masa; No hay diferencia fundamental entre los dominicanos y los haitianos de la clase dominante.

Pero así como en los hombres del pueblo en ambos países hay un interés común – el de lograr sus libertades para tener acceso al bienestar que todo hijo de mujer merece y necesita -,  en las clases dominantes de Haití y Santo Domingo hay choques de intereses, porque ambas quieren para sí la mayor riqueza. Los pueblos están igualmente sometidos; las clases dominantes son competidoras. Trujillo y todo lo que él representa como minoría explotadora desean la riqueza de la isla para sí; Lescot  y todo lo que él representa como minoría explotadora, también. Entonces, uno y otro – unos y otros, mejor dicho – utilizan a sus pueblos respectivos para que les sirvan de tropa de choque: esta tropa que batalle para que el vencedor acreciente su poder. Engañan ambos a los pueblos con el espejismo de un nacionalismo intransigente que no es amor a la propia tierra sino odio a la extraña, y sobre todo, apetencia del poder total. Y si los más puros y los mejores entre aquéllos que por ser intelectuales, personas que han aprendido a distinguir la verdad en el fango de la mentira se dejan embaucar y acaban enamorándose de esa mentira, acabaremos olvidando que el deber de los más altos por más cultos no es ponerse al servicio consciente o inconsciente de una minoría explotadora, rapaz y sin escrúpulos, sino al servicio del hombre del pueblo, sea haitiano, boliviano o dominicano.

Cuando los diplomáticos haitianos hacen aquí o allá una labor que Uds. estiman perjudicial para la República Dominicana, ¿saben lo que están haciendo ellos, aunque crean de buena fe que están procediendo como patriotas? Pues están simplemente sirviendo a los intereses de esa minoría que ahora está presidida por Lescot como ayer lo estaba por Vincent. Y cuando los intelectuales escriben – como lo ha hecho Marrero, de total motu proprio según él dijo olvidando que no hay ya lugar para el libre albedrío en el mundo – artículos contrarios a Haití están sirviendo inconscientemente – pero sirviendo – a los que explotan al pueblo dominicano y lo tratan como enemigo militarmente conquistado. No, amigos míos…Salgan de su ofuscación.

Nuestro deber como dominicanos que formamos parte de la humanidad es defender al pueblo haitiano de sus explotadores, con igual ardor que al pueblo dominicano de los suyos. No hay que confundir a Trujillo con la República Dominicana ni a Lescot con Haití. Uds. mismos lo afirman, cuando dicen que Lescot subió al poder ayudado por Trujillo y ahora lo combate. También Trujillo llevó al poder a Lescot y ahora lo ataca. Es que ambos tienen intereses opuestos, como opuestos son los de cada uno de los de sus pueblos respectivos y  los del género humano.

Nuestro deber es, ahora, luchar por la libertad de nuestro pueblo y luchar por la libertad del pueblo haitiano. Cuando de aquél y de este lado de la frontera, los hombres tengan casa, libros, medicinas, ropa, alimentos en abundancia; cuando seamos todos, haitianos y dominicanos, ricos y cultos y sanos, no habrá pugnas entre los hijos de Duarte y de Toussaint, porque ni estos irán a buscar, acosados por el hambre, tierras dominicanas en qué cosechar un mísero plátano necesario a su sustento, ni aquéllos tendrán que volver los ojos a un país de origen, idioma y cultura diferentes, a menos que lo hagan con ánimo de aumentar sus conocimientos de la tierra y los hombres que la viven.

Ese sentimiento de indignación viril que los anima ahora con respeto a Haití, volvámoslo contra el que esclaviza y explota a los dominicanos; contra el que, con la presión de su poder casi total, cambia los sentimientos de todos los dominicanos, los mejores sentimientos nuestros, forzándonos a abandonar el don de la amistad, el de la discreción, el de la correcta valoración de todo lo que alienta en el mundo. Y después, convoquemos en son de hermanos a los haitianos y ayudémosles a ser ellos libres también de sus explotadores; a que, lo mismo que nosotros, puedan levantar una patria próspera, culta, feliz, en la que sus mejores virtudes, sus mejores tradiciones florezcan con la misma espontaneidad que todos deseamos para las nuestras.

Hay que saber distinguir quién es el verdadero enemigo y no olvidar que el derecho a vivir es universal para individuos y pueblos. Yo sé que Uds. saben esto, que Uds., como yo, aspiran a una patria mejor, a una patria que pueda codearse con las más avanzadas del globo. Y no la lograremos por otro camino que por el del respeto a todos los derechos, que si están hoy violados en Santo Domingo no deben ofuscarnos hasta llevarnos a desear que sean violados por nosotros en lugares distintos.

Yo creo en Uds. Por eso he sufrido. Creo en Uds. hasta el hecho de no dolerme que Marrero mostrara a Emilio el papelito que le escribí con ánimo de beneficiarlo y sin ánimo de molestar ni por acción ni por omisión a Emilio. En todos creo, a todos los quiero y en su claro juicio tengo fe. Por eso me han hecho sufrir esta tarde.

Pero el porvenir ha de vernos un día abrazados, en medio de un mundo libre de opresores y de prejuicios, un mundo en que quepan los haitianos y los dominicanos, y en el que todos los que tenemos el deber de ser mejores estaremos luchando juntos contra la miseria y la ignorancia de todos los hombres de la tierra.

Mándenme como hermano y ténganme por tal.

Juan Bosch.

“En Para la historia, dos cartas, Santiago, R.D. Editorial el Diario, 1943, pp. 3-8”


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