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Una de las anécdotas más llamativas de Camilo José Cela la protagonizó como senador y con un tal Xirinacs, cura además. Estaba el escritor dando cabezadas en plena sesión parlamentaria cuando el sacerdote le importunó con la pregunta: "¿Está usted dormido?".A lo que el Nobel le respondió:- "Monseñor, no estoy dormido, estoy durmiendo".El mosén le replicó: "¿Es lo mismo, ¿no?".  "No, monseñor, son cosas distintas", instruyó al religioso don Camilo:"No es lo mismo estar dormido que estar durmiendo, de la misma manera que no es lo mismo estar jodido que estar jodiendo".


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Camilo José Cela "...no es lo mismo estar jodido que estar jodiendo"
| desequilibrios.blogspot.com | 13-11-2009
    

Cela nunca se distinguió por ir "haciendo amigos" allí por donde iba. Pero no se le puede negar que siempre se expresó con elocuencia y mordacidad, no exenta de un ácido sentido del humor.

También llenaba su boca de exabruptos. Unas y otras actitudes le proporcionaron una popularidad de la que, quizá, no habría disfrutado únicamente por la calidad de su obra.

No obstante, fue galardonado con el Nobel de Literatura en 1989. En aquellos años ya se dijo que el premio era una forma de reconocer a toda una generación de escritores de la España de postguerra. Lo cierto es que autores como Delibes o Torrente Ballester seguramente perdieron su oportunidad por ello.

Cela era un hábil conversador y tertuliano: ameno y provocador a la vez; divertido e ingenioso. La anécdota de la palangana forma parte de la historia de la televisión.

Fue Senador por designación real en las primeras Cortes Democráticas y a su intervención se deben algunas notables correcciones en el texto constitucional vigente, como la de llamar al color "gualda" de la bandera por su verdadero nombre, sin matices idiológicos: amarillo.

Desde 1956 ocupó el sillón "Q" de la Real Academia, institución cuya labor contribuyó a popularizar y dignificar. Pese a vivir en Mallorca, donde era editor de la revista
Papeles de Son Armadans, siempre acudía a las reuniones semanales para "Limpiar, fijar y dar esplendor" a la lengua castellana. El de académico de la lengua era un puesto con un salario testimonial, pero decía no querer renunciar al único trabajo fijo que tenía.

También fue un polemista en busca de notoriedad.

Aseguró que los concursos literarios no le interesaban lo más mínimo pero no tuvo reparos en presentarse en 1994, para ganar, al Planeta, con denuncias de pucherazo y plagio incluídas.

También soltó toda su rabia contra el Cervantes, del que dijo que era un premio "cubierto de mierda", porque los suecos sí habían sabido reconocer su talento, no como los envidiosos españoles.

Seguramente lo habría recibido mucho antes de no ser por su incontinencia verbal. Finalmente lo obtuvo en 1995.

En cuanto a su obra estrictamente literaria, podemos decir, sin duda alguna, que merece un sitio entre el olimpo del siglo XX.

La familia de Pascual Duarte marcó un hito que revolucionó el panorama literario de una España de "charanga y pandereta", de "boina y botijo" y dio origen al tremendismo, estilo muy utilizado desde entonces.

A partir de aquí Cela concibe la novelística como un género en libertad: el escritor no debe someterse a ninguna norma, de ahí su voluntad experimental que hace que cada una de sus obras sea diferente y que en cada una ensaye una técnica diferente. Mezclando sabiamente los recursos narrativos de las vanguardias del siglo XX , se convirtió en un artista "rompedor". Cela descubre la infalible fórmula literaria que utilizará en adelante: equilibrada aleación de humor, ternura, horror, desenfado verbal y léxico escatológico. Al contrario de otros autores, Cela explica detenidamente o anuncia, en prólogos, paratextos y entrevistas todo lo que escribe y por qué lo hace.

La Colmena puede considerarse su mejor obra. Incluso hay quien la considera la mejor novela española del s.XX.
Incialmente prohibida por la censura, tuvo que editarse en Buenos Aires, hasta que el entonces Ministro del Interior, Manuel Fraga, autorizó personalmente la primera edición en España.

Otro de los méritos de Cela fue el de redescubir la literatura de viajes. El viaje a la Alcarria o
Del Miño al Bidasoa, supusieron un redescubrimiento de un género olvidado y tan hispano.
En 1987 realizó un
Nuevo viaje a la Alcarria, pero esta vez sin mochila ni alpargatas: en Rolls, con chófer exótico y un patrocinador poderoso.

Un episodio poco conocido fue su relación con Pérez Jiménez, a la sazón dictador de Venezuela, con el que tenía pactadas una serie de novelas de corte, digamos, propagandístico. La primera de ellas,
La Catira, se publicó en 1955, pero el debate que se produjo en Venezuela por aquella relación fue de tal calibre que el pacto se rompió.

"La insólita y gloriosa hazaña del cipote de Archidona (1977) no demasiado conocida para el publico en general, es, sin duda, una de sus obras más divertidas, picantes y recomendables, destacándose que narra un hecho real. Literariamente pertenece al género epistolar: reúne la delirante correspondencia mantenida entre Cela y su amigo y académico Alfonso Canales. Básicamente se comentaban todo suceso extraordinario y normalmente relacionado con la gente común y sus costumbres y hábitos sexuales o estrambóticos en general".

El resto de su obra se puede consultar haciendo una sencilla búsqueda en internet, pero, a nuestro juicio, no está a la altura de las mencionadas.

Para terminar, dos anécdotas más que ilustran a la perfección el perfil público que D. Camilo tanto se esforzó en edificar y en mantener.
Ambas pertencen, con justicia, a la antología más brillante de la tradición picaresca hispana. Así las describe wikipedia:


...habiendo tomado la palabra mosén Lluís Maria Xirinacs, una sonora ventosidad de Don Camilo dejó sin habla al orador y enmudeció al auditorio, y para deshacer el entuerto el propio Cela se dirigió al orador y le dijo:

- “prosiga el Mosén”.

Poco tiempo después, Cela negó haber dicho esa frase en un programa de TVE, argumentando que, «para hacer callar a un cura, habría hecho falta un elefante, no un gallego».
(N.del A. El argumento esgrimido es que, como todos los españoles, él era pedorro domiciliario, no pedorro transeúnte).


Otra de las anécdotas más llamativas respecto a su persona la protagonizó igualmente como senador y con el señor Xirinacs. Estaba el escritor dando cabezadas en plena sesión parlamentaria cuando el sacerdote le importunó con la pregunta:

- «¿Está usted dormido?».

A lo que el Nobel le respondió:

- «Monseñor, no estoy dormido, estoy durmiendo».

El mosén le replicó:

- «¿Es lo mismo, ¿no?».

- «No, monseñor, son cosas distintas», instruyó al religioso don Camilo: «No es lo mismo estar dormido que estar durmiendo, de la misma manera que no es lo mismo estar jodido que estar jodiendo».



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Bibliografía:
Camilo José Cela en en el Centro Virtual Cervantes.
Camilo José Cela en wikipedia.
Fundación Camilo José Cela.

 

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Etiquetas: Novela |
Enlace al artículo original: http://desequilibros.blogspot.com/2009/11/no-es-lo-mismo-estar-dormido-que-estar.html

 

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