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Para la época, en el año 1844, cuando nace la República Dominicana existían características del comportamiento político que el actual Estado no ha podido superar. Santana y sus séquitos asumían al Estado como su propiedad privada o utilizaban los bienes públicos como si fueran propios, o lo que se llama el Estado patrimonial.


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El Dominicano un Estado Patrimonialista
Domingo Matías | clavedigital.com | 01-06-2010
    

Para la época, en el año 1844, cuando nace la República Dominicana existían características del comportamiento político que el actual Estado no ha podido superar. Santana y sus séquitos asumían al Estado como su propiedad privada o utilizaban los bienes públicos como si fueran propios, o lo que se llama el Estado patrimonial.

Un referente histórico, muy bueno para refrescar la memoria, es la actuación de Ulises Heureaux (alias Lilís) en el marco de las dificultades financieras, por la que atravesó el país, en el período 1894-1895. Cuando Lilís asume el poder encuentra un país en banca rota. Para mantener a sus socios comerciantes y a quienes le dieron apoyo político acordó con la Improvement (empresa norteamericana) crear dos compañías subsidiarias que le facilitaran dinero al gobierno y operaciones secretas. El negocio iba tan bien para la Improvement que el propio Lilís terminó convirtiéndose en prestamista de su propio gobierno. En ese sentido las “papeletas de Lilís” fueron muy famosas.

Si bien es cierto que la realidad dominicana ha variado, no menos cierto es que se siguen reproduciéndose prácticas patrimonialistas revestidas de modernidad. Las entidades públicas entiéndase Presidencia de la República, Congreso Nacional y Ayuntamientos se siguen manejando con criterio discrecional para muchos asuntos como el nombramiento de personal, la adjudicación de bienes y servicios a los allegados y el uso de los recursos públicos para el beneficio político personal.

La política social dominicana, la cual se ha montado en una economía creciente con deuda pública también creciente, se presta para fortalecer la misión del Estado patrimonialista, puesto que el objetivo social se subordina al objetivo político. La entrega del menú de tarjetas a las familias pobres debería ser una estrategia de mediano y largo plazo. Es válida en la medida que su uso no se haga como instrumento clientelista. Y ahí es que está la cuestión de la rentabilidad política que ha significado la puesta en vigencia del menú de tarjetas. La cual trae como consecuencia los ventajismos partidarios y la competencia política desigual. La consolidación del Estado patrimonialista tarjetero significará un rompimiento a la posibilidad de soñar y de pensar diferente de la mayoría de los pobres dominicanos.

También opera el Estado patrimonialista clientelar. El cual implica el intercambio de dinero, favores, influencia, oferta de empleos o una obra a cambio de fidelidad partidaria o un voto el día de las elecciones. Un intercambio donde se ofrece lo que es de un ayuntamiento, del parlamento, la Administración Pública Central. Se ofrecen los fondos públicos, dinero que es el producto del trabajo de todos, incluyendo la clientela que es sobornada. Los patrocinadores del Estado patrimonialista clientelar empobrecen más a los pobres, porque lo que reciben no se traduce en garantía de sostenerse materialmente en el tiempo, son soluciones transitorias. También hace al Estado menos eficiente porque una gran parte de la burocracia no se selecciona por mérito y profesionalización, afectando considerablemente la calidad de los servicios públicos. En este marco el crecimiento social o mejora de la calidad de vida es una gran fantasía.

Un problema sistémico o que carcome o socava todo la estructura del Estado es la corrupción. Es en el Estado patrimonialista corruptor donde se enriquecen los más ricos, se fabrican nuevos ricos y consecuentemente surgen nuevos liderazgos políticos con poca o ninguna ética; los cuales complican bastante la competencia electoral, y pasan a monopolizar las decisiones de los partidos. La entrega de obras y megaproyectos sin los debidos procesos de licitación por la administración central; la entrega de la propiedad municipal y de licencia de construcción violentando la normativa local; la adjudicación directa de grandes y medianos proyectos a los familiares, amigos y allegados de los jefes políticos fortalece los poderes unipersonales, debilita el Estado y crece la desigualdad social entre ricos, la clase media y los pobres.

Finalmente Santana, Báez, Lilis, Trujillo, Balaguer forjadores del patrimonialismo se mantienen rondando, y los nuevos herederos políticos reinventan diferentes modelos patrimonialistas o un neopatriomonialismo. Una nueva fracción política de esta V República Dominicana debería asumir el desafío de romper el ciclo de la cultura patrimonialista estatal y pasar definitivamente a un Estado de Bienestar Social Incluyente.

•Domingo Matías es ciudadano y municipalista.

domingomatias@yahoo.com

 

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Etiquetas: Gobiernos municipales | Domingo Matías | Estado patrimonialista | Estado patrimonialista clientelar |
Enlace al artículo original: http://www.clavedigital.com/App_Pages/opinion/Firmas.aspx?Id_Articulo=17789

 

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