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La mejor política económica es una buena política social que además de empoderar a la gente, le devuelva los beneficios de lo que produce y a los cuales tiene derecho.


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Transformando el modelo económico
Pavel Isa Contreras | elcaribe.com.do | 21-09-2011
    

Hay dos consensos importantes con respecto a los modelos económicos dominicanos. Primero, que no han funcionado para generar bienestar social generalizado, y que los beneficios del crecimiento se han concentrado en pocas manos. Segundo, que el modelo actual está agotado y que no podrá seguir impulsando el crecimiento como lo hizo desde los noventa.

En la medida en que el bienestar de las personas es el parámetro del éxito de cualquier forma en que la economía y la producción se organizan, el primer consenso nos dice que los modelos no han funcionado. El crecimiento del ingreso medio en las últimas décadas se acompañó de salarios reales estancados y de elevados y sostenidos niveles de pobreza e inequidad.

El segundo consenso indica que la forma en que el país se reinsertó en la economía internacional desde fines de los ochenta, a través de las exportaciones de confecciones textiles desde las zonas francas, el turismo y el flujo de remesas, llegó a su término.

En ese sentido, más allá de la difícil coyuntura actual, la sociedad dominicana está compelida a reinventar su economía y a dotarse de un modelo que al tiempo que revincule al país en la economía internacional exportando nuevos y mejores bienes y servicios, transforme las condiciones de vida de la gente, incrementando sus remuneraciones reales y proveyendo servicios sociales de calidad.

Se trata de dos objetivos simultáneos en el que cada uno depende del otro. Por una parte, exportar y generar divisas es indispensable para el crecimiento de una economía pequeña como la dominicana pues determinan la capacidad de importar bienes de inversión e insumos, lo que a su vez permite que la producción y el empleo crezcan, posibilitando mayor bienestar.

Por otra parte, para que las exportaciones y el crecimiento beneficien a la gente, las personas tienen que dejar de ser un insumo dispensable de los procesos productivos y pasar a ser protagonista de la producción. Para que la inserción internacional y la expansión económica sean sostenibles, es imprescindible que haya un crecimiento continuo de la productividad, y eso solo es posible cuando las personas aprenden a hacer y a mejorar lo que hacen. Una mayor dotación de maquinaria y equipo son necesarios pero insuficientes para lograr una mayor productividad a largo plazo. Se requiere también que la gente misma sea más productiva, con mayor nivel de conocimiento y de capacidad para producir, adaptarse e innovar.

En contraste con esto, los modelos de desarrollo que hemos tenido han privilegiado uno de los objetivos a costa del otro. Han puesto el énfasis en el crecimiento sacrificando a la gente. Se han centrado en inflar las ganancias para fomentar la inversión, comprimiendo los salarios y el pago de impuestos. Los modelos de sustitución de importaciones y de zonas francas y turismo han tenido en común que han descansado en exenciones impositivas, bajos salarios y el uso a bajo costo de la infraestructura y los servicios públicos.

Ambos se sustentaron en la pobreza, reproduciéndola. He allí una de las razones fundamentales por las que no funcionaron para generar bienestar y terminaron haciendo crisis, no sin antes hacer ricos a unos pocos excluyendo al resto.

Por todo lo anterior, hay que trascender los incentivos que han esculpido los sistemas económicos dominicanos y que han producido riqueza perpetuando miseria. Esto implica, como se ha dicho tantas veces, poner la atención en las personas y en potenciar sus capacidades. Los incentivos a la inversión son necesarios pero deben dejar de ser el centro de la política.

El nuevo modelo debe incentivar y facilitar el aprendizaje, el escalamiento tecnológico, la creatividad y la innovación productiva, empresarial e institucional. Debe fomentar las capacidades de la gente de carne y hueso. Es obvio que la educación es clave, pero las políticas de salud, de seguridad social y de asistencia social también son fundamentales. Una vez se decía que la mejor política social es una buena política económica.

Pero lo inverso es tan válido como eso: la mejor política económica es una buena política social que además de empoderar a la gente, le devuelva los beneficios de lo que produce y a los cuales tiene derecho.

El autor es economista pavel.isa.contreras@gmail.com
Twitter:@IsaPavel

 

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Etiquetas: Pavel Isa Contreras | Politica economica | Pobreza | Exenciones impositivas | Bienestar |
Enlace al artículo original: http://www.elcaribe.com.do/site/opinion/culumnista/288532-transformando-el-modelo-economico--pavel-isa-contreras.html

 

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