¿De dónde le puede venir a un liderazgo “democrático” una admiración, una añoranza, por la autoridad, el orden y la disciplina de la dictadura?
Muchos se han tomado a juego, o han callado, los pronunciamientos del candidato perredeísta ante los militares retirados. De la presidencia del Ing. Mejía se pueden glosar anécdotas y actos contraproducentes con un estado de derecho, que inducen a asumir sus recientes declaraciones con más cautela.
Duverger ha señalado “la desconfianza en las ideas” del conservadurismo y su proclividad permanente al mantenimiento del “orden”, como expresión de la autoridad y la disciplina, no del derecho.
Recordar los episodios de dureza desproporcionada en que incurrió el Ing. Mejía durante su gobierno conduce a pensar en las actitudes, valores e ideología en los que descansa su pensar. Que no es socialdemócrata, sin dudas.
Las actitudes son formas organizadas y duraderas de un modo de pensar, sentir y reaccionar hacia un objeto, situación o persona, que hacen de la conducta de los individuos sistemática y uniforme. Y las de Mejía en este tema lo son.
Si bien pueden cambiar por educación, instrucción o simple imitación, las actitudes suelen ser estables, a veces con una dosis más afectiva que cognitiva en su estructura.
El cambio actitudinal por instrucción o educación es tan largo como difícil, pero suele ser lo mejor debido a que se funda en el abordaje crítico del sistema de valores.
Mientras los valores son un entramado de actitudes e ideas complejas, la ideología actúa como un justificante, un legitimador espiritual, que persigue presentar como buena y válida una práctica social o de gobierno a la que se entiende éticamente válida, socialmente aceptable, así sea por fragmentos.
Al asumir como una patología, vale decir una enfermedad, la vigilia permanente y activa que el pueblo dominicano ha mantenido frente al régimen de los Trujillo, sus métodos e ideas, Hipólito Mejía nos revela de nuevo un núcleo oscuro de su ideal político, que más que un pensamiento estructurado de naturaleza socialdemócrata, como reclama el PRD, nos refiere a un entramado de actitudes y valores conservadores que operan como determinantes de su praxis política de fuerte base motivacional, afectiva, y escaso peso cognitivo.
De ahí la añoranza.
La consigna de un nuevo PRD, que con errores blandía Miguel Vargas, quizás pueda ser vista hoy, a la luz de lo ante expuesto, como una orientación más racional, lógica, tecnocrática y modernista, que el amasijo político-ideológico que nos revelara el ex-presidente en la conferencia de los generales en retiro.
Pero todavía no entiendo…
Santo Domingo, 9 de diciembre de 2011
rsanchez.cardenas@gmail.com
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