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Profesores se han estado marchando para el extranjero, de forma legal e ilegal, hace mucho tiempo. También médicos, ingenieros, periodistas, ingenieros agrónomos y peritos y agrónomos, enfermeras, conductores de vehículos de motor, abogados, economistas, antiguos sacerdotes, sociólogos, políticos profesionales, agricultores y mecánicos, comerciantes y estudiantes, religiosos, farmacéuticos, biólogos, libreros, escritores y poetas, historiadores y hasta cantantes y músicos.


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Otros también se irán
Bienvenido Alvarez-Vega | hoy.com.do | 31-01-2003
    

El autor es periodista dominicano, director ejecutivo del matutino Hoy.

Profesores se han estado marchando para el extranjero, de forma legal e ilegal, hace mucho tiempo. También médicos, ingenieros, periodistas, ingenieros agrónomos y peritos y agrónomos, enfermeras, conductores de vehículos de motor, abogados, economistas, antiguos sacerdotes, sociólogos, políticos profesionales, agricultores y mecánicos, comerciantes y estudiantes, religiosos, farmacéuticos, biólogos, libreros, escritores y poetas, historiadores y hasta cantantes y músicos.

El éxodo lleva más de 40 años, y siempre por las mismas razones. Los dominicanos que han tomado la opción de viajar al extranjero, sea a Estados Unidos, a Puerto Rico, a Venezuela, a España, a Italia o a Suiza, lo han hecho bajo la misma y única divisa: quieren mejorar su vida, la de ahora, la presente, y también la futura, la de mañana, es decir, la de su descendencia.
Por eso, que cuatro maestros se hayan desafiado los peligros del mar y se hayan marchado hacia Puerto Rico en yola, no es nada del otro mundo. Es una escena relativamente ordinaria, común. Después de todo, cualquier activista político de esos que pasan los días andando detrás de los candidatos que luego llegan al poder, disfrutan de mejores consideraciones que ellos y ganan más dinero.

En el extranjero hay más de un millón de dominicanos. Hay quienes aseguran que solo en Estados Unidos viven más de un millón de dominicanos y dominicanas. Y todos los días las embajadas de España, de Italia y de Estados Unidos están literalmente llenas de criollos que solicitan visados para "dar el salto".

Todos nuestros estudiosos del tema están de acuerdo en que se trata de un autoexilio económico. Sólo en los años inmediatamente posteriores el ajusticiamiento de Trujillo y después de la revolución de abril, hasta 1974, se registró aquí un éxodo de motivaciones políticas. En el primer caso, muchos servidores del régimen optaron por marcharse antes que rendir cuentas ante la ley. Los que se fueron después de abril, con la anuencia tácita del gobierno norteamericano, lo hicieron para escapar a aquellas persecuciones inmisericordes desatadas en los primeros ocho años de gobiernos del Presidente Balaguer contra los constitucionalistas y contra la gente que militaba en los grupos de izquierdas.

Pero los otros, no. Los otros buscaban allende los mares lo que no encontraban en su tierra. Procuraban un lugar civilizado para vivir, un sitio donde la ley se respetara y fuera igual para todos, donde la civilización dejara de ser una enseñanza académica. Buscaban un lugar donde pudieran conseguir trabajo sin necesidad de recurrir al amiguismo, al partidarismo, donde hubiera que buscar enllaves que, temprano en las mañanas los llevaran donde el dirigente político influyente o donde el cacique provincial. Querían tener la oportunidad de laborar sin someterse al cumplimiento de humillantes ritos.

Esos otros que se fueron querían estar en un lugar donde sus hijos pudieran estudiar en escuelas donde no faltaran maestros, donde no faltaran escuelas, donde no faltaran butacas, materiales didácticos, etcétera. Querían que sus hijos tuvieran la oportunidad, si cumplían con los requisitos académicos, de ir a la universidad y estudiar de acuerdo a su vocación.

Y querían, por supuesto, tener la esperanza de comprar una casa, de pasar una vejez con dignidad, de tener acceso al ocio, al placer y a una vida que no tuviera que moverse entre los sobresaltos de la incivilidad, de la pobreza económica, del caudillismo, del medalaganarismo y hasta de la pobreza urbana.

Es decir, estos muchos que se han ido y los otros que a diario se van, de manera legal o ilegal, actúan con inteligencia. Ellos han roto con el quietismo que se deriva de la resignación y de la pasividad. Ellos han ejercido su derecho a la felicidad y a la buena vida, a la vida que todos deseamos.
Por eso, que cuatro maestros se hayan ido en estos días no debe extrañarnos, ni apenarnos. Ellos buscan lo que aquí no encuentran. Porque cualquier político gana más que un maestro.

Muchos más dominicanos y dominicanas, maestros y no maestros, continuarán buscando mejores porvenires en el exterior. Y lo hacen por derecho y con derecho. Las encuestas lo dicen: más de la mitad de los dominicanos se irían si tuvieran la oportunidad. Cada uno de nosotros es un viajero en potencia, un emigrante.

Porque a muchos, a más de un millón, con la emigración les ha ido mejor.


Correo electrónico: bavegado@yahoo.com

 


 

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Etiquetas: Economía | Cultura de paz | Oportunidades solidarias |
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