La música que mucha gente descubre con el tiempo, para Fidel Nadal eran sus canciones de cuna. El jazz, el soul, los ritmos afrocubanos que salían de los discos de su papá, lo arrullaron desde bebé; nombres como los de Barry White fueron parte de la banda musical de su infancia. Con los años, descubrió a Los Beatles, a los Rollings Stones, a Queen, Kiss y la música disco. Hasta que un día, apareció en su vida un disco de Peter Tosh y una revelación: "Yo quiero ser así". Hoy, como Fidel, presenta en La Trastienda, su nuevo disco,
Trabajo de hormiga.
El reggae lo llevó de vuelta a sus raíces, a la música negra y ese fue el camino de regreso para encontrar su identidad como músico. Ahí fue que empezó a aparecer Bob Marley, con sonidos y letras que lo intrigaban. "No se parecía a nada de lo que había escuchado. Y había muchas palabras que no entendía hasta que después supe, que eran en dialecto
patuá, el que se habla en Jamaica".
Por entonces, ya era un hombre consciente de su origen y la música fue la excusa que le permitió ir más allá. "De chico miraba
Jacinta Pichimahuida y no me daba cuenta de lo racista que era el guión: Cirilo se tenía que poner harina en la cara para que Etelvina lo aceptara. Pero esa barbaridad recién la capté de grande". Fidel tiene la conciencia de los que tienen que abrirse camino entre los prejuicios y la discriminación y eso lo hizo un estudioso de su raza, rastreando el origen y la suerte corrida por sus antepasados, los afroargentinos, borrados del mapa, de la historia y la memoria, por guerras, enfermedades, masacres e indiferencia. "Mis ancestros llegaron hace cinco generaciones, eran esclavos en el Río de la Plata. Pero todo lo que pasó con ellos no está en los libros de Historia. Los primeros batallones que iban al frente eran los negros, después los mulatos y por último, los Patricios. Peleábamos con cadenas y la historia argentina estuvo hecha con sangre negra." El plural es una identificación fuerte que viene de su educación familiar. Su padre, hombre militante (por algo bautizó Fidel Ernesto a su hijo mayor) le enseñó la lucha de personajes como Patrice Lumumba, Malcom X y otros hombres que tampoco eran materia de estudio en la escuela. Y sabía que su hijo se iba a encontrar muchas veces con situaciones como la de su rechazo en un jardín de infantes porteño, cuando llegó de la mano de su papá. "No hay más vacantes, le dijeron a mi viejo. Pero al otro día, fue mi mamá, que es blanca, sola, pidió anotar a su hijo y sí encontró vacante".
Hoy, a los 40, Nadal tiene claro que la música fue lo que le abrió un universo más ancho. Y como protagonista buscó lo mismo que encontró como oyente: expresar lo que pasa afuera, en el mundo. "Al principio todas las letras tenían un tinte de protesta social, pero con el tiempo aparecieron otros temas también. Cuando me pongo a escribir tengo esa manía del artista de querer decir todo y compartirlo". Fidel compartió su arte en 24 discos editados: siete con el grupo Todos Tus Muertos, uno con Mano Negra, tres con Lumumba y trece como solista incluyendo el más reciente,
Trabajo de hormiga. "Me gustan distintos estilos, pero el reggae es mi música, un reggae moderno, es con lo que me expreso ahora".
Fidel también se expresa con gestos, movimientos y verborragia que, podría decirse, es la misma que aparece en su vestuario y turbante coloridos y que ya son su marca de identidad. Pero él mismo se encarga de desmitificar cualquier interpretación acerca de atuendos y otras posturas que responden, a simple vista, a su filosofía rastafari. "No alcanza con vestirse así o tener
dreadlocks en el pelo o ser vegetariano. Y hay gente que cree para ser rasta hay que fumar marihuana o ser de Jamaica, cuando en realidad, el origen de esta filosofía está en Etiopía. Se trata de un sentimiento muy profundo que va más allá de todo eso, que es una búsqueda constante para descubrir lo que es bueno para uno". Para él, lo mejor es la música.